Cultura visual y editorial

Una conversación con Pez Papaya

pez papaya ¿qué entiendes por cultura visual?

Entiendo la cultura visual como la manera en la que nos presentamos y nos representamos por medio de imágenes. En esa doble posibilidad, la de presentar y representar, hay siempre una voluntad de diálogo, de encuentro con el otro. Este encuentro es a veces voluntario y otras una exigencia jerárquica. Las fotografías de nuestro carnet de identidad son un buen ejemplo de esto último.

pez papaya y ¿qué entiendes por cultura editorial?

Cuando hablamos de editor enseguida nos viene a la cabeza una figura que trasiega con libros. Es inevitable. Pero hay otras posibilidades que a mí me interesan más. En la etimología de la palabra, además de las cuestiones dinerarias y de las pretensiones de airear algo está la de “dar a luz”, lo que inevitablemente me conduce a la pregunta de qué es lo que estamos dando a luz: ¿algo que se ha gestado en nuestro interior, y que nunca es solo nuestro? o ¿una nueva configuración de lo que ya había ordenado de otra manera por nuestra voluntad subjetiva? La respuesta a ambas preguntas creo que es que lo que damos a luz es siempre un ejercicio autorial, una voz personal que señala otra manera de categorizar lo que ya está ahí. Ni mejor ni peor; simplemente personal. Y esa voluntad, que podemos llamar autorial es siempre voluntad compiladora, ordenadora y comunicativa. Así que la cultura editorial será aquella que trate los temas relacionados con el proceso creativo, con la manera en la que reordenamos lo que nos rodea y nuestras ganas de decir lo que tenemos entre manos. Las dos primeras quedarían enmarcadas en el trabajo autorial; la tercera en el comunicacional. En el fondo esta distinción es más aclaratoria que real porque en el fondo todo es un ejercicio autorial.

Así que la cultura editorial será aquella que trate los temas relacionados con el proceso creativo, con la manera en la que reordenamos lo que nos rodea y nuestras ganas de decir lo que tenemos entre manos.

pez papaya ¿es hoy en día la cultura visual la que más habitamos?

Las imágenes hoy en día se han convertido en una forma de conocimiento cierto, una epistemología de calidad suprema. Pero no hay que olvidar que las imágenes siempre se realizan desde el punto de vista de alguien, es decir, son sistemas creados desde una opinión. Los sistemas son las piezas del puzzle que nosotros creamos para darle sentido a la vida y, en este sentido, los “sistemas” son a la vida lo que las “reglas” al juego, con la única exigencia de que no olvidemos que estamos jugando. En este sentido me encanta la frase de Saenz de Oíza que decía “Prefiero las cartas al ajedrez porque cuando cogemos el mazo lo primero que preguntamos es: ¿a qué jugamos?”. En el fondo lo primero que hacemos es dejar constancia de que estamos jugando dentro de un universo posible de ficciones en las que incluso los mayestáticos ganar o perder no son sino maneras de pasar el rato (en el podcast “perder el nombre” del que soy cocreador hay un capítulo dedicado a este tema [hipervínculo]). 

La conclusión sería que estamos dándole excesiva credibilidad e importancia a las imágenes, y no olvidemos una cosa importante… Es obvio, pero conviene recordarlo, que las imágenes necesitan que alguien las produzca y por supuesto que haya alguien al otro lado que sea capaz de leerlas. A lo largo de la historia, de lo primero se encargaban personas que tenían unas habilidades contrastables y que ponían su saber hacer a disposición de las más diversas necesidades. Los segundos, de naturaleza más dócil, se dejaban engatusar por los primeros completando así el círculo. 

Pero en un momento determinado, que desde mi punto de vista tiene una fecha inaugural muy concreta, se produce una auténtica convulsión en ese círculo dejándolo más abierto de lo que muchos esperaban. Ese momento sucede cuando George Eastman idea un modelo de negocio que resume en su conocido “you press the bottom we do the rest”. Lo que sucede a partir de ahí es que cualquiera podía producir imágenes (press the bottom) con independencia de sus habilidades (the rest). De alguna manera que hoy todo el mundo tenga la posibilidad de ser fotógrafo, gracias los móviles, es otro capítulo de ese momento fundacional.

 Lo que a mí me interesa de este proceso es que, debido a ese acceso universal a la creación de imágenes por personas que no tiene una educación visual previa, las palabras se agendan la tarea de explicar lo que en la imagen solo aparece de manera tangencial: dicho de otra manera, el aficionado asegura que este de la foto es el tío Pepe, aunque su presencia sea una anémica mancha desenfocada a contraluz. 

En ese cruce de caminos que se crea en el encuentro entre las palabras y las imágenes se crea un territorio híbrido por el que me gusta mucho transitar, en parte porque se le resta importancia y mayestatismo a ambas y las acerca más a la experiencia humana de la duda, que desde mi punto de vista, es el motor primero de la curiosidad (y, podría añadir, del juego).

pez papaya por lo que dices parece que sientes cierta paradójica desconfianza hacia las imágenes y sus capacidades…

Las imágenes son un universo maravilloso, pero lo son si las descargas de todo su potencial jerarquizante, es decir, si reconocemos que muchas veces también bizquean y lo hacen ante el que es quizá el órgano más engatusable, y por ende tonto, de todo nuestro sistema perceptivo: el ojo.

Como señalaba antes, este poder de las imágenes se produce en dos momentos: en la creación de certezas y en el hecho de que para realizarlas tengas que estar “bendecido”.  

Lo primero creo que está claro; en cuanto a lo segundo… no me gusta la manera en la que las imágenes se han utilizado para apabullar, para presentarlas como si fueran cosas realizadas por unos pocos elegidos. Al hacerlo así se ha trazado una línea nítida entre el realizador y el espectador. 

Que la realización de imágenes fuera patrimonio de unos pocos, aquellos que tenían las capacidades y los conocimientos necesarios para hacerlas y leerlas, es una legítima herencia del mundo del arte que, curiosamente luego se apropió el mundo del periodismo, vía las revistas ilustradas. En este último contexto se han producido infinitos debates sobre qué y cómo se producían imágenes y desde qué sustrato moral se aireaban. Y cuando aparecen las grandes palabras el sentido común sale por la puerta de atrás. El conflicto, cómo no, es con la Verdad. Si nosotros presentamos las huellas que trazamos como irrefutables estamos engañando. El propio señalamiento, es decir determinar lo que queda dentro o excluído,  es ya una forma de opinión: elijo esto en vez de aquello. En el fondo me da igual que hablemos de Irán o de Caravaggio. Creo que es razonable reconocer que previo a todo señalamiento hay una opinión; esto debería quedar claro por cuestiones básicas de honestidad. En el fondo es clarificar que vivimos en una retícula de ficciones que recorren e incluyen todo el arco, desde la Biblia hasta el Hip Hop: hay que reconocer que como especie, somos increíblemente buenos inventando sistemas. 

La cara B de nuestro espíritu creativo es que acabamos convirtiendo las recién inauguradas categorías en marcos creenciales, piedras a las que encaramarse para desmelenar discursos gelatinosos. 

Por supuesto la publicidad, suceda en el contexto que suceda, debate político, perfume o cine rosa, sí ha entendido esto último y juega con la ventaja del que ya ha sabido rebajar a prosa la épica homérica.

 Llegados a este punto no nos queda más remedio que asumir que las imágenes son un juego, una manera extendida de conocimiento que gracias a ciertas tecnologías han permitido un “ojo” expandido. Esta expansión del ojo y de sus capacidades perceptivas amuebla tambien otro de mis lugares favoritos: la barraca de feria, ese lugar donde se producen los asombros; que  no son sino maneras de sumergir al otro en admiraciones low cost.

El aficionado asegura que este de la foto es el tío Pepe, aunque su presencia sea una anémica mancha desenfocada a contraluz.

pez papaya ¿recuerdas cuándo te empezaron a interesar las imágenes?

Mi interés por las imágenes viene desde que tengo uso de razón. Quizá el primer encuentro fascinado lo fue con una enciclopedia ilustrada que me regalaron mis padres que llevaba el “humilde” título de Lo sé todo. Seis tomos en los que no había tema que no se tratase e ilustrase. Hoy en día sigo coleccionando este tipo de enciclopedias y libros ilustrados, auténticos prodigios en cuanto a diseño de información se refiere y a la manera en que se complementan y equilibran los lenguajes visuales y textuales. En este sentido el libro ilustrado continua fascinándome, llámese publicación periódica, fotolibro, ensayo… 

El segundo momento fue el encuentro con Flash Gordon dibujado por Fred Kida. Este encuentro tiene una historia curiosa. Hasta los 12 años viví enfrente de un cementerio que estaba rodeado por una alta tapia de ladrillo. Desde mi ventana yo solo podía ver el remate de un mausoleo; el ala de un ángel que sobresalía por encima. El enterrador, una persona que cumplía todos los requisitos tipológicos para serlo: alto y de una delgadez reivindicativa y amablemente amenazadora, pelo ralo canoso y barba de color titubeante y ausente densidad, vivía en la puerta de al lado a la nuestra y compraba y encuadernaba el cómic porque a su nieto le gustaba leerlo cuando venía de visita. Me imagino que ese Flash Gordon compactado en tapa dura hacía las veces de un reclamante anfitrión goloso. El caso es que a mí me lo dejaba los viernes por la tarde y yo se los devolvía el sábado después de desayunar. Ni que decir tiene que para mí madrugar un sábado quedaba compensado con creces. Hoy en día no puedo dejar de ver a Flash sin que se me aparezca un episodio de mi vida que contiene densidades de todo tipo. En fin, iconologías domésticas que demuestran lo complicado que es ver una imagen y cómo, cada vez que nos plantamos delante de una, acuden en tropel doscientos invitados no solicitados.

pezpapaya ¿te consideras autor, editor, crítico o simplemente alguien que observa la manera en la que las imágenes afectan a los demás?

Yo he trabajado siempre como director creativo con una voluntad también estratégica, que en el fondo consistía simplemente en darles un para qué a las propuestas y soportes utilizados. Pero además también he trabajado en la parte más ejecutiva de los proyectos como diseñador editorial, fotógrafo, realizador audiovisual y escritor. Todos estos trabajos siempre han tenido como denominador común el uso de la imagen como ingrediente principal. En este sentido, ha sido casi inevitable pensar el por qué de su presencia e intuir la manera en la que iban a ser leídas por otros, lo que ya de entrada aúna la parte más reflexiva con la parte más ejecutiva. No hay que olvidar que en la producción de imágenes siempre estamos articulando un diálogo a veces posible y otras imposible. 

En cualquier caso, considero que el mero hecho de pararse a pensar de manera reposada sobre algo lleva ya implícito un ejercicio autorial. Luego solo hay que ir tirando de ese hilo.

Cultura visual y editorial [trabajos]

Codirector y editor de la revista fotografías.

Guionización y realización del soporte multimedia Recorridos fotográficos de la coleccion de ARCO.

La Cámara de Fotografiar exposición incluida en la Red Itiner de exposiciones de la Comunidad de Madrid (guionización, realización multimedia y dirección creativa). 

Miembro del Consejo de redacción de la revista formas.

Soviet Aviation. Rodchenko y Stepanova libro promovido por Alexander Lavrentiev, nieto de los autores, y editado por editorial Lampreave (consultoría editorial, diseño y dirección de producción).

Medusa colección de fotolibros y multimedias realizados por los alumnos del Máster de fotografía de la Escuela Lens (asesor editorial, asesor de proyecto y dirección de producción editorial).

La luz y su anverso. Colección de ensayos sobre la luz en diferentes manifestaciones artísticas editada y coordinada por Eduardo de Miguel y Ricardo Lampreave presentando reflexiones de Ernst Gombrich, Ángel González, Gyorgy Kepes, Hans Seldmayer y Kazimir Malevitch (asesoría editorial, naming de la colección y diseño editorial).

Lápices, ratones y brújulas, exposición itinerante organizada por el Colegio de arquitectos de Cádiz comisariada por Tomás Carranza (creación de contenidos audiovisuales y expositivos, diseño editorial y comunicación gráfica en distintos soportes).

Asesor editorial y diseñador de los fotolibros El sueño polar de Sergio Hernáez, Unu de Óscar Cánovas, Base de Valerio Platania e Hierofanía de Alicia Seoane.

Castilla-La Mancha. Arquitectura, territorio e identidad libro coeditado por el Instituto Cervantes y el Foro Civitas Nova (consultoría y diseño editorial).

Círculos imperfectos, exposición itinerante organizada por el Colegio de arquitectos de Galicia COAG (asesoría y diseño gráfico).

R.I.T.A. revista dirigida por Arturo Franco (asesoría editorial y dirección de arte).

Pintar sin tener ni idea y otros ensayos sobre arte libro de Ángel González García (consultoría y diseño editorial).

Taray, el corredor en la vivienda colectiva exposición comisariada por Ricardo Lampreave celebrada en la Sala de las Arquerías de Nuevos Ministerios de Madrid (consultoría, guionización y realización audiovisual).

Sueños y polvo, cuentos de tiempo sobre arte y arquitectura libro de Ángel Martínez García-Posada (consultoría y diseño editorial). 

450 años de legado ignaciano exposición organizada por el Gobierno vasco, la diputación de Guipúzcoa  y el santuario de Loiola (guionización de la exposición, creación de contenidos audiovisuales, dirección creativa y diseño gráfico).

Intangibles exposición celebrada en la Fundación Telefónica (guionización, desarrollo multimedia y realización de informe de experiencia de usuario).

Conexiones exposición celebrada en la Fundación Telefónica (borrador de guion expositivo).

¿Necesitas ayuda?

-Tal vez esté viejo y cansado, pero siempre he pensado que las posibilidades de descubrir lo que realmente pasa son tan absurdamente remotas, que lo único que puede hacerse es decir: olvídalo y mantente ocupado. Fíjate en mí: yo proyecto líneas costeras. Me dieron un premio por Noruega.
Revolvió entre un montón de despojos y sacó un gran bloque de perspex y un modelo de Noruega montado sobre él.
-¿Qué sentido tiene esto? —prosiguió-. No se me ocurre ninguno. Toda la vida he estado haciendo fiordos. Durante un momento pasajero se pusieron de moda y me dieron un premio importante.

Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams

Félix Fuentes · Artista e investigador de la cultura visual, educador y director creativo
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